Meditación
La mente también está cambiando
Bhante Gunaratana
Traducción, edición y Comentario: María Mercedes Márquez
C. Me ha llamado la atención, que, sin proponérmelo, las enseñanzas de estos dos últimos sábados y las de El camino del bodhisattva de Shantideva que escucharemos mañana, han coincidido en muchos puntos del famoso capítulo 9 sobre la sabiduría. De modo que presten atención, porque las enseñanzas de hoy nos servirán de combustible para la comprensión de lo que estaremos revisando mañana.
En la sesión anterior hicimos una serie de ejercicios meditativos que pusieron de relieve la impermanencia de las percepciones sensoriales. Hoy, veremos que la mente también cambia todo el tiempo.
El maestro Gunaratana comienza llamando nuestra atención al hecho de que a medida que observamos la naturaleza cambiante de nuestras experiencias, notamos que la mente no permanece estática cuando se da cuenta de los cambios en las cosas condicionadas.
Descubrimos que la mente también cambia cuando nota cambios en otras cosas. La mente no es algo fijo ya que algo inmóvil no puede notar el movimiento de otro objeto sin moverse él mismo. Mientras el objeto se está moviendo, el sujeto [en este caso la mente], también debe moverse a fin de poder notar el movimiento del objeto.
En otras palabras, nuestra atención consciente de la impermanencia también es impermanente. Por eso, es que, mientras contempla la impermanencia de las sensaciones, de repente la mente se aleja de eso. Por ejemplo, estando conscientes de los cambios de un sonido, escuchamos otro sonido.
Luego, abandonando el primer sonido, la mente se va al segundo. Este cambio de foco nos muestra que la mente que está observando la impermanencia de una cosa, también está cambiando. La mente se mueve a fin de poder notar los cambios en sus objetos.
Mientras estamos observando los cambios en una percepción, surge otra percepción. Luego, la mente va para allá y se da cuenta de su cambio. Mientras está involucrada en eso, surge otra percepción. Luego la mente se va para allá.
Así que a medida que surge una percepción, que alcanza su máximo y luego pasa, la mente sigue estos pasos. Algunas veces, antes de que una percepción se mueva de una etapa a la siguiente, la mente se mueve hacia otro objeto.
La mente no permanece fija observando un objeto para ver el final de las tres etapas de cambio -el momento en que surge, su momento máximo y el momento en que pasa. Observar y darnos cuenta son funciones dinámicas o actividades mentales.
Puede que estemos dándonos cuenta de nuestras sensaciones -placenteras, desagradables o neutrales- y de repente escuchamos un sonido. Luego, la mente se va para allá interrumpiendo la atención consciente que está puesta en las sensaciones.
Así pasa, pero no debemos decepcionarnos porque simplemente hemos estado conscientes del hecho de que la mente que ha estado notando los cambios en nuestras sensaciones, también cambia. Incluso nuestro conocimiento del dharma está sujeto a la impermanencia. Las cosas cambian, de modo que la verdad puede tornarse en una mentira.
El mensaje aquí es que cada vez que creemos que algo es permanente, placentero, que es fuente de felicidad y duradero en sí mismo, éste cambia y se convierte en lo opuesto. Cuando vemos esta verdad profundamente, finalmente dejamos de perseguir fantasmas.
Llegar hasta este punto requiere de mindfulness y concentración, es decir de una mente atenta, despierta, consciente. Cuando se estabilizan mindfulness por una parte y la concentración por otra y trabajan juntas como un equipo, notamos infinidad de cambios sutiles que se están dando simultáneamente en nuestra mente y cuerpo.
La profunda atención consciente se da cuenta del más pequeño cambio y aporta luz a la comprensión de ese cambio. La fuerte concentración junto con la atención y consciencia enfocan la mente de modo que podemos ver claramente la forma en que funciona la impermanencia.
Para tener la experiencia de los cambios de la mente, debemos seguir los pasos planteados anteriormente para meditar en la impermanencia de los seis objetos sensoriales, es decir, a través de la vista, el oído, el olfato, el gusto, el. tacto y la mente.
Comenzamos por centrar la mente en la respiración para que la mente se aquiete y el cuerpo se relaje.
Una vez que la mente está tranquila y el cuerpo relajado, esta vez colocamos nuestra atención en la mente que está percibiendo esos objetos de percepción.
Notamos claramente la frecuencia con la que la mente altera su foco de percepción cambiando instantáneamente de objetos externos de percepción a objetos internos de percepción.
Notamos que la mente, junto con todo lo que existe, está involucrada en un cambio constante e indetenible.
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